¿Somos confiables o no?

¿Por qué la gente incluso se empeña en hacer promesas, particularmente si sabe que no podrá cumplirlas?

Esta pregunta puede valer millones. Basta con recordar las promesas que hicieron muchos presidentes, y nunca cumplidas. U otras más cercanas, como… te amaré toda mi vida. Al parecer, este mecanismo psicológico de la promesa se desarrolló en los seres humanos – una especie de mamíferos sociales – como medio de fomentar la cooperación basada en la confianza.

Los científicos dicen que estamos en condiciones de predecir la violación de las promesas, mediante la observación de cierto patrón de la actividad de cerebro,  visible en la exploración con los modernos escáneres.

Un grupo de neurólogos de Suiza, que han publicado sus resultados en la revista neurona (http://www.cell.com/neuron/), ha demostrado que la abertura de una promesa está asociada a una actividad creciente en ciertas áreas del cerebro asociado a emociones. Para demostrar estos cambios en la actividad del cerebro, el Dr. Baumgartner de la universidad de Zurich, y sus colegas, utilizaron la proyección de imagen de resonancia magnética funcional (fMRI). Este tipo de exploraciones del cerebro incluso permiten predecir una abertura de la promesa con el registro de un patrón “pérfido” de la actividad de cerebro, y por lo tanto revelar intenciones malévolas de antemano.

El equipo de científicos cree que estas investigaciones podrían ser valiosas para determinar las verdaderas intenciones de los criminales que deben ser lanzados en libertad condicional.

Es todo cuestión de dinero

Los motivaciones importantes pueden ser distinguidas detrás de toda promesa: la ventaja de la cooperación futura (intercambio de valores o intereses), o simplemente del deseo de hacer “lo correcto.”

El equipo de Baumgartner se centró en estudiar la segunda. Para ese propósito, aplicaron una versión modificada de un juego económico de la confianza entre un inversionista y un administrador, cuando dieron a un inversionista el dinero verdadero y estaban libres de elegir si invertirlo en un administrador o no. El inversor dona su dinero solamente si elige un alto nivel de promesa.

Las palabras son baratas

Todos los administradores prometen cumplir y compartir ganancias. Pero no todos son honestos. El experimento demostró que cuando alguien rompe sus promesas, el escáner cerebral registra un aumentó de actividad en ciertas áreas del cerebro: DLPFC, CRNA, amígdala cerebral, ínsula anterior, y giro frontal inferior. Como la mayor parte de estas áreas están implicadas en la regulación de las emociones, los investigadores presumieron que la actividad de cerebro que habían observado no era otra que una consecuencia de un conflicto emocional, que evocaba la decisión de una promesa engañosa. Es decir cuando alguien concibe un acto deshonesto y siente culpabilidad, estas áreas demuestran una actividad creciente, la cuál se puede detectar con el fMRI.

Es también significativo que las mismas áreas de la corteza del cerebro seguían siendo inactivas en la gente que hizo las promesas que honraron su promesa, sugiriendo que los que engañaron lo hicieron intencionalmente. ¿Ahora, por qué el engaño intencional es importante? Simplemente porque el engaño y el planeamiento de romper una promesa son diferentes. Los exámenes realizados durante el experimento probaron que es fácil predecir cualquiera de las dos situaciones mencionadas.

La posibilidad para predecir tramposos abre totalmente perspectivas distintas. Si la neurociencia continúa avanzando en este terreno, es posible que muchos políticos se sientan perturbados; con todo, probablemente prometerán invertir en el campo de la ciencia, para que se siga investigando. Mientras no sean expuestos al escáner, sus promesas seguirán invitándonos a creerles.

“Aunque la gente es consciente que está haciendo algo mal, piensa que no ha hecho nada malo, y que todavía tiene ocasión de remediar la situación y hacer lo correcto”

Esto significa que creen que pueden remediar la falta de cumplimiento de lo prometido.

No obstante, y para la tranquilidad de muchos, los estudios del equipo de Baumgartner son solo un avance limitado. De momento, solo se piensa en los casos de crimen y libertad condicional; pero las implicaciones prácticas y potenciales están apenas en sus albores. Si bien los sistemas de medición de la actividad cerebral están avanzando a pasos agigantados, aún no son suficientes para determinar lo que sentiremos mañana.

La conducta humana y las emociones son materia de estudio de la ciencia exacta, pero nunca serán predecibles en el cien por cien de sus posibilidades. Es que la mente puede tener tendencias marcadas, pero la recepción de nueva información reorganiza viejos conceptos, resignificando emocionalmente nuestro pasado y renovando las conexiones neuronales, pudiendo de esa manera modificar nuestro  modo de pensar, sentir y actuar. Nuestro cerebro es evolutivo, y posee cientos de millones de células que, si bien no utilizamos, están dispuestas a ponerse en actividad tan pronto se lo demandemos.

Conclusión, nunca des nada por sentado. Si crees que tu miedo a volar no tiene remedio, te equivocas. Puedes superarlo, sin que sea necesario te hagas ninguna promesa relacionada con ello.

Carlos Zerdán

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