Experiencias de cursantes

El  correo de Marta, antes de su vuelo

Apreciado Carlos:

…Resulta que tengo que hacer un vuelo a París la semana próxima y estoy un poco confundida. La decisión de ir o no a París a una feria acompañando a mi hermano la tuve que tomar yo. Yo hablo mejor inglés y algo de francés que él y me pidió si le podía acompañar para darle un poco de apoyo. Enseguida pensé en el avión (qué heavy, no?!!!!) pero mayor que mi pequeña preocupación (no comparable al horror que hubiera sentido en otras épocas) eran la pena y la culpa por no ayudarle, además sin un motivo adecuado.

Así pues, lo estuve pensando durante un par de días y pasándolo fatal, con muchos síntomas hasta que por fin tomé la decisión de ir. Y tal como lo decidí, me relajé y desaparecieron los síntomas (de nuevo, qué heavy, no?!!! Cómo es esta mente nuestra!!!!).

Total, que el vuelo es el martes que viene y la verdad es que duermo bien, solo siento un pequeño cosquilleo en el estómago cuando me imagino sentada en el avión a punto de despegar y en algún momento ha aparecido algún pequeño síntoma de pánico, que he superado dejándome invadir por el miedo y diciéndome a mi misma que no pasaba nada, que sólo era miedo, o con técnicas de relajación.

Mi gran problema es que no confío en mí. No me creo a mí misma (Carlos, hablo contigo con tanta franqueza porque sé que tú no me vas a tomar por loca, que tu sabes lo traidor y complicado que es nuestro cerebro). No sé cómo explicarlo, es como si me dijera a mí misma que no puedo estar tan tranquila, que ya verás cuando me suba al avión,… y si cuando estoy allí subida, sin posibilidad de huir me invade el pánico? Ya sé, lo pasaré mal y ya está… ¿Por qué me boicoteo con estos pensamientos, Carlos? Intento cambiarlos por pensamientos alternativos positivios, intento visualizarme tranquila y relajada volando en el avión, pero hay una parte de mí que me está saboteando!!!

También debo decir que hace más de un año que no vuelo y quizá empiezo a volver a superponer los recuerdos malos sobre los buenos. De hecho, tengo un “diario de vuelo sin miedo” que he ido escribiendo en mis vuelos libres de pánico (algo de miedo sí que sigo sintiendo) y lo leo siempre antes de volar para recordar que no lo he pasado tan mal como yo pienso que lo voy a pasar.

El correo luego del regreso de París

Apreciado Carlos:

Ya estoy aquí de nuevo y, antes que nada quiero decirte que, aunque muy cansada, he vuelto muy feliz. El motivo es que he volado muy, muy bien!!!

Viaje de ida:

Me dormí fácilmente, pero he despertado a menudo con mucha ansiedad.

Al salir de mi casa y despedirme de mi marido, me invade la pena, me caen algunas lagrimillas,…es como si no fuera a volverlo a ver, pensamiento que identifico como catastrofista y que cambio de inmediato por una visualización de su recibimiento cuando llegue por la noche. Nivel de ansiedad: 8.

Nos ponemos en marcha hacia el aeropuerto y mi nivel de ansiedad desciende. Cuando llegamos al aeropuerto es de 6.

Realizamos el embarque y voy haciendo mis relajaciones. Antes del despegue, tengo miedo pero mi cuerpo está bastante relajado. Me asusta la idea de que el avión va a ser tripulado por una mujer (qué traidora a mi género!!!) pero rápidamente pienso en lo difícil que lo tenemos las mujeres, en que si lo ha conseguido es porque vale un montón y en que ha pasado los mismos exámenes que cualquier otro piloto. Me relajo… Voy anotando todos los pensamientos alternos en mi libreta; voy recordando todos esos aviones despegando a cada minuto. Nivel de ansiedad: 6

Despegamos… Me siento bien, aceptablemente relajada. En menos de un minuto mi ansiedad desciende muchísimo. Reconozco los sonidos y si no los reconozco los acepto como normales. Nivel de ansiedad tras el despegue: 4.

Nivel de ansiedad en el aterrizaje: 2.

A mi llegada a París me siento realmente feliz.

Pasamos todo el día en París y no me preocupa el avión de vuelta!!! Es más ME HACE ILUSIÓN VOLVER A VOLAR. Es cierto, Carlos, lloraría de alegría porque me apetece volver a volar.

Viaje de vuelta:

En el embarque del viaje de vuelta, a pesar de haber realizado las relajaciones, me asalta de nuevo la ansiedad. Nivel de ansiedad: 7.

Durante el despegue lo paso un poco mal, con un nivel de ansiedad mayor que achaco a que el avión ha salido con retraso, a que llevamos tres horas de espera en el aeropuerto y a que estamos muy cansados. Tras un minuto, el nivel de ansiedad cae en picado. Diría que se sitúa en 2. El vuelo está siendo muy movido, con turbulencia. Los “bajones” me hacen sentir una sensación en la barriga que me parece agradable porque me siento muy segura y en vez de asustarme, me divierte. Hay una chica unos asientos más adelante que está sufriendo mucho, al borde de un ataque. Ya la vi pasarlo mal en el despegue pero ahora está peor. Cada vez que el avión se zarandea, ella golpea el suelo con el pie y se echa hacia adelante. Quisiera ayudarla, pero no nos podemos mover. Sus compañeros de viaje no parecen muy interesados en hacerlo. Cuando finalizó el vuelo quise acercarme a ella para hablarle de los cursos, pero ya sabes cuánto cuesta salir del avión, y ella en cambio salió a toda prisa de allí y se me escapó.

En fin, que, en esta ocasión, lo he logrado Carlos!!! He volado en un estado más que aceptable. Me siento muy feliz y estoy deseando volver a coger un avión!!! Creo que le voy a regalar un viajecito romántico a Álex e iremos en avión!!!

Gracias, Carlos, gracias de corazón.

Un abrazo!!!

Marta

Conclusiones:

Marta ha dirimido el conflicto entre sus dudas y el deseo,  y lo ha resuelto con inteligencia y tesón. El deseo ha sido superior al miedo gracias a su trabajo, a un “no resignarse” ante el miedo, y a su decisión de trabajar para afrontarlo. Su técnica del diario de vuelo es recomendable para todos, porque una tendencia de la mente es evocar con más facilidad los momentos desagradables o dolorosos que los de placer que hemos experimentado. Hay que darle valor a los buenos momentos, aun cuando sean pequeños.

Hay también un factor importante en ella, que ha sido su voluntad y su capacidad de tomar la decisión, que es lo que le produjo el primer alivio. Aquí su deseo supera a su duda.

Pero hay un valor aún más destacable: que ha prevalecido el pensamiento positivo sobre el negativo. Eso es lo que evitó que el boicot saliera vencedor.

La oscuridad es solo posible cuando no existe la luz. Pero Marta ha logrado hacer lo que ella deseaba y sentía necesario hacer porque algo en ella está lleno de luz.

Algunos conceptos relacionados al miedo

El miedo es una elección, recuerden esto, es una emoción que nosotros decidimos y alimentamos, y hay muchas cosas que podemos hacer para evitar que nos supere. Es una tarea cotidiana, individual, y social.

La sociedad moderna nos brinda muchos beneficios que antes eran impensables, pero al mismo tiempo ha promovido unos estilos de vida en los que se han subvertido los valores esenciales. Hoy, por lo general, tiene prioridad el tener, antes que el ser. Pensamos que para vivir y ser felices es preciso tener las cosas  “que nos hacen sentir felices”.

Lo qué arruina la vida de los seres humanos es la ansiedad. La ansiedad es fruto del miedo, miedo a no lograr lo que deseo…, y luego el miedo a perder lo que he logrado… Ay, ese hermoso motor que se llama deseo… y esa maldita sensación que sentimos cuando el deseo está ligado a la incertidumbre, al peligro, al miedo. No me atrevo…

Cosas para tener en cuenta

Pensar positivamente, aún ante la duda, la incertidumbre, la adversidad y/o la desgracia. Aún los momentos más dolorosos son positivos si nos dejan enseñanza y nos hacen crecer.

Pensar que podremos.

Aprender a reconocer nuestro cuerpo. Solo lo sentimos cuando nos molesta, y no sabemos agradecerle cuando todo funciona bien. Es millones de años más viejo que la mente y mucho más inteligente que ella.  Por eso  dirige las funciones verdaderamente importantes, aquellas en las que la mente fallaría irremediablemente: el apetito, el sueño, las pulsaciones, el ritmo respiratorio, la tensión arterial, la cantidad de oxígeno y glucosa necesarios, la función de los anticuerpos, la transformación de alimentos en sangre, en tejidos, etc.

El cuerpo está preparado para protegernos del peligro mediante la sensación de miedo. Es una función básica.

No luchar contra nuestro cuerpo. Hablar con él es más inteligente. Nuestro cuerpo nos escucha, y responde a nuestros pensamientos. Por eso, cuando la duda se hace gigante, él responde con la reacción de miedo.

Mente y cuerpo se corresponden. Todo lo que hacemos con nuestros pensamientos repercute en el cuerpo. Y todo lo que hace el cuerpo repercute en nuestra mente.

Aprender la respiración con el vientre (respiración diafragmática) es bueno para el cuerpo y la mente.

Ver menos televisión y hacer más caminatas.

No huimos por que tenemos miedo. Tenemos miedo por que huimos. Aprende a aceptar.

La ira es un producto del miedo. Aprovecha a practicar con ella. Cuando estés a punto de reaccionar, obsérvate por dentro, la reacción de tu cuerpo, lo que piensas, y comienza a respirar profundamente, bien hondo. La ira precisa de una respiración agitada, de un ritmo desacompasado, caótico. Así que si respiras con un ritmo, bien hondo, de modo conciente, la ira desaparecerá. Haz lo mismo cuando tengas miedo.

Los procesos fisiológicos y los procesos psicológicos no son dos cosas distintas. Puedes comenzar a trabajar desde cualquiera de los dos extremos para cambiar al otro. Sugiero comiences primero por el cuerpo.

El miedo es una elección y la infelicidad también es una elección.

Si tienes miedo no puedes ser feliz. El miedo genera dependencia, y la felicidad es un estado de independencia, es ser nosotros mismos, y no lo que el miedo hace que seamos.

Cuando sientas miedo, lo primero es aceptarlo.  Toma distancia, obsérvalo, obsérvate, y respira hondo. Concéntrate en la respiración.

Acepta, y no te anticipes demasiado.

No dejes pasar de largo los momentos de gran felicidad. Imprégnate de ellos. Aunque no lo notes, son muchos más los momentos agradables que los desagradables.

Aprende a permanecer en el presente, por que todo lo falso entra por el pasado o por el futuro.

Agradecimento de una ex cursante

Estas líneas están dedicadas a cuantos se encuentran agobiados por su incapacidad para montarse en un avión. Todos andamos por Internet buscando cualquier cosa que nos ayude. Yo también miré un montón de páginas sobre ansiedad, autocontrol, por supuesto la página de Iberia, Senasa, Aena…también miraba con atención las noticias de desastres aéreos y me decía “menos mal que yo no vuelo”, esto confirma mi teoría de que la lotería de la catástrofe podía haberme tocado etc. etc. Así que si estás en esa situación y lees esto espero poder ayudar un poquillo, aunque sólo sea para dar algo de “esperanza”.

Lo primero que tengo que decir es que la solución existe. Al menos para mí. Yo la encontré hace un par de días y aún me parece mentira. Si alguien me hubiera dicho que este domingo iba a estar en una cola de embarque, nerviosa sí, pero queriendo seguir adelante, no le hubiera creído. Igual que desde el año 2002 decidí que no me volvía a montar en un avión ni arrastrada, ahora decido que retomo el control y vuelvo a volar. Y esto tenía que compartirlo con más gente que pueda estar en la situación en la que yo estaba. En mi caso diré que con sólo mirar un avión desde mi ventana se me levantaba el estómago. Era una sensación física que no podía controlar, así que, de montarme en un avión, ni hablamos. Y así andaba dando vueltas a este problema, pero sin hacer nada, dejando que esto creciera. Hasta que me cansé de perder oportunidades y me decidí a hacer este curso.

No sé dónde está la clave pero funciona, a mi me funcionó al menos. En algún momento del curso sentí que iba a ser capaz, y sólo tuve que dejarme llevar. Y volé. Volé bien, no estresada pensando que ese era el final de mis días y rumiando tragedias aéreas. Simplemente pensaba que estaba ahí arriba y que no me iba a caer de repente. Tenía a mis compañeras de curso cerca, y a Carlos Zerdán, nuestro “instructor”, las azafatas ….Mapi, y yo repetíamos “Roma, Roma, Roma!!!” y así nos motivábamos.

Ahora tengo claro que la solución existe, y está en uno mismo; parezco una predicadora pero es que no tengo otras palabras. Al igual que Cristina, otra compañera de curso, pienso que la recompensa no es tanto poder viajar en avión como tener la libertad de decidir si vas en avión, en barco o a dedo Así que aquí me veo animando a otra gente a que busquen su solución particular porque merece la pena enfrentar nuestros miedos y angustias. En mi caso he necesitado ayuda, importantísima, porque sola no lo hubiera logrado.

Ahora es el capítulo de dar las gracias a las personas que me han ayudado, así que gracias, gracias, Silvia, es verdad que las fobias se superan. Gracias Carlos, muchas gracias, no sé si con otras personas hubiera superado esto, qué paciencia la tuya contestando todas nuestras preguntas, razonando nuestras desconfianzas y anulando las inseguridades. No sé cómo resumirlo, pero creo que he abierto los ojos a una realidad que no podía ver.

Y gracias a mis compis de curso, Cristina, Mapi y Antonio. Seguro que me los cruzaré en algún aeropuerto, una con el sombrero mejicano, otro con la ensaimada…

Y para finalizar os diré que después de miles de preguntas e incógnitas, muchas de ellas superadas, sólo tengo una pregunta más que hacerme ¿por qué******no lo hice antes?